Jorge RodrÍguez LÓpez

Jorge Rodríguez López llegó a esta, en ocasiones triste, realidad ontológica, una tarde de abril de 1970, en la más que dudosa, volteriana y maniquea ciudad mariana de Sevilla, hecho el cual le sirvió de condición de revulsiva posibilidad existencial para moldear un carácter contestatario que lo impulsó al estudio de la filosofía y la antropología.
                Admite que se destetó intelectualmente con el taoísmo de Lao Tsé y el metarrelato de  Milán Kundera durante una adolescencia más que reprobable. Se licenció licenciosamente en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla, evitando, como peatón atónito, la lluvia constante de prejuicios germanófilos, metafísicos y camineros que pudiera haberlos habido, aprovechando aquello que menstrualmente le daba alas para volar con el maltrecho pensamiento. Amplió sus estudios con la licenciatura de Antropología Social e inició un sisífico  estudio de doctorado sobre la estimulante figura de Carl Gustav Jüng. Participó con la comunicación La emergencia de los nuevos mitos en la sociedad eléctrica en el XL Congreso de jóvenes filósofos celebrado en Sevilla y en las Jornadas de reflexión sobre la violencia, también en esta ciudad y repitió estrado con la comunicación La filosofía como profesión poco recomendable en las Jornadas sobre Morfología del humor.
                Trabajó durante una exhausta década en diversos medios de comunicación radiados e irradiantes a nivel local y nacional, ganándose casi el ostracismo con los espacios de reflexión crítica El hombre silencioso y El bombero del atardecer, y como asesor musical del programa El lobo estepario de Jesús Quintero para Onda Cero Radio.
                Ha publicado asiduamente en las revistas Engranajes y Bóreas, evocando estudios sobre M. Foucault, W. Reich y E. Swedenborg. Es miembro fundador y forma parte del consejo editorial de la revista para la utópica difusión de la cultura Al-marchar donde publica habitualmente crónicas sobre el pasado clásico del pueblo y el Aljarafe en general en arrebato histórico-museístico-monumental (¡Si Nietzsche levantara la cabeza!). Colabora con la emergente publicación Lepe urbana, con un espacio sobre filosofía aplicada a la vida cotidiana, de ímprobo e ingrato nombre, Filosofía para todos. En la actualidad, y mientras se  cuestiona su condición de ser-arrojado-en-el-mundo ejerce como profesor de filosofía, ética e historia para las bases, en el agitado y alienante mundo de la educación secundaria, además dirige como puede, en su inexistente tiempo libre, un taller de creación literaria en Umbrete, la ciudad del mosto.